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Día Mundial de la salud mental

Hoy es el Día Mundial de la Salud Mental. Este año se ha elegido por votación popular la salud mental en el trabajo. ¡Ya era hora!
«Vivimos torpedeados por exigencias sociales, familiares y económicas. Vivimos condicionados, encorsetados y acribillados por ráfagas constantes de información. Parecemos monos saltando sobre una plancha caliente. Competimos a diario con millones de globalizados, por un lugar en el planeta.»
© «El estrés. Manual de usuario para humanos» - Ricardo Lampugnani
Ésta es la sensación que da la sociedad actual. Una especie de enorme máquina centrífuga que te atrae hacia su centro y si no eres lo suficientemente rápido para aguantar el ritmo vertiginoso, te escupe a la periferia.
Ya sé que suena un poco apocalíptico, pero las cifras lo confirman.
La Asociación Americana de Psicología (APA), realizó un trabajo en 2013 para determinar el grado de estrés que sufrían las distintas generaciones.
La generación denominada Millenials [1], alcanzaba un nivel de 5,4 sobre una escala de 10. Los científicos consideran que el límite entre el eustrés y el distrés está en 3,6. A nivel subjetivo, el 40% de los miembros de esta generación aseguraban sentirse más estresados que nunca. Se trata del grupo poblacional que padece más estrés.
El resto de generaciones llegaban, en 2013, a un 4,9 sobre 10 y los científicos consideraban este dato como positivo por haber disminuido tres décimas respecto al año anterior.
Como consecuencia del distrés, los Millenials también sufrían más depresión, en concreto el 19% de ellos la padecían frente a un 14% de la generación X (34 a 47 años de edad) y, a un 12% de los «Baby Boomers» (entre 44 y 66 años).
En cuanto a la ansiedad, los Millenials duplicaban la tasa de la generación de sus padres.
Las causas de estos niveles de estrés en toda la población correspondían al trabajo en un 76%, al dinero en un 63% y a las relaciones personales en un 59%.
No tengo datos fehacientes posteriores, pero no creo que el estrés haya descendido de los niveles patológicos del 2013.
Si tomamos en cuenta que el estudio está realizado sobre la población de la primera potencia económica mundial y que los porcentajes de estrés están mayoritariamente atribuidos al trabajo y al dinero… No quiero ni pensar en los resultados de un estudio en los países llamados emergentes, los que están en guerra desde hace años o los que ostentan tasas de paro del 20% de la población activa y un 50% de habitantes en riesgo de exclusión.
¿Para qué pongo estos datos?
Para hacer ver que si el límite entre el estrés positivo y el distrés está en 3,6…
Toda la población padece distrés o estrés negativo con consecuencias más o menos graves sobre su salud y su calidad de vida.
Es decir, usted, yo, el vecino de enfrente y el jefe de la oficina.
En muchos casos el estrés es crónico y sus consecuencias difícilmente reversibles.
Pero, mal de muchos, consuelo de tontos…
Yo quiero vivir con un estrés positivo que me estire hacia adelante y no con uno negativo que me empuje al abismo.
¿Y usted?
Y como siempre digo, la mejor manera de manejar una situación es saber cómo funciona.
Los médicos, por ejemplo, aconsejan llevar una vida sana para paliar los efectos del estrés: hacer ejercicio, comer con moderación, evitar las drogas, el tabaco, el alcohol… Es decir, asumen que no tenemos remedio y procuran minimizar o ralentizar el avance de la enfermedad.
¿Por qué los consejos médicos son paliativos?
Porque:
Hacer ejercicio estimula la producción de endorfinas y estas sustancias producen sensación de bienestar, pero no eliminan la causa del problema.
Comer con moderación evita el sobrepeso, el sedentarismo, la bulimia y la anorexia. Pero comer es un poderoso ansiolítico. ¿Por qué no eliminamos la ansiedad?
Evitar las drogas nos aleja de la adicción y de sus consecuencias, pero las endorfinas y la noradrenalina también pueden ser adictivas para calmar la ansiedad, la angustia y la depresión. No hace falta ver más que la cantidad de pelis de miedo y violencia, los parques de atracciones con juegos cada vez más extremos y los límites insospechados que han alcanzado los deportes de riesgo.
El tabaco y el alcohol son drogas sociales. El daño que puede producir un cigarro o una copa de vino, son nimios o no existen. El problema es la adicción producida por la angustia, la depresión, la soledad… Y todas ellas son consecuencia del distrés.
No quiero decir que si eliminásemos el distrés dejarían de haber adictos a la adrenalina, a la comida, al alcohol, a las drogas o al tabaco, pero créame, no habría tantos.
Al comienzo de este libro había una frase. ¿La recuerda? Es de Richard Carlson, un prestigioso psicólogo, fallecido muy joven, que fue especialista en estrés. Su libro más famoso es: «No se preocupe por cosas pequeñas… Y todas son cosas pequeñas».
La frase dice: «El estrés no es más que una enfermedad mental socialmente aceptada». Y como enfermedad, la única manera de curarla es eliminando las causas que la producen y conociendo cómo funciona. Lo primero es harto difícil, pero lo segundo sí que está a nuestro alcance.
Para intentar saber cómo funciona el distrés social, analicemos el estudio que vimos más arriba:
El 76% del distrés corresponde al trabajo y los que más lo padecen son los jóvenes entre 18 y 34 años.
¿Por qué?
Porque son los más inexpertos. El sistema laboral se ha radicalizado de tal manera que si no tienes experiencia no consigues trabajo por más capacidad y formación que tengas. Y para conseguir esa experiencia tan valiosa debes soportar tratos abusivos, salarios ofensivos y horarios exhaustivos. Cuando llegas a los treinta y cuatro, te quedan once años de vida útil para conseguir el trabajo de tus sueños, porque a los cuarenta y cinco ya eres viejo para comenzar una nueva andadura.
Es increíble que en una época en que la expectativa de vida es la más alta de la historia de la humanidad, una persona en la casi mitad de su existencia no pueda conseguir un trabajo digno.
¿Por qué?
Porque el sistema sabe que, si tienes más de 45, ya no te tragas el anzuelo.
Por supuesto que hay honrosas excepciones, pero la gran mayoría corresponden a profesiones liberales que no necesitan de una empresa para desarrollarse.
Yo hace unos años hice un experimento. Una empresa francesa necesitaba un especialista en productos químicos para el agro. Me apunté a la oferta y falseé mi edad. Dije que tenía diez años menos de los que en realidad tenía. Por suerte siempre aparenté menos… Me hicieron todos los test y exámenes y los pasé sin problemas. Hice entrevistas en francés, en inglés y en castellano. La empresa estaba encantada en contratarme. Por supuesto que no acepté, era solo un experimento. De todas las solicitudes que envié poniendo mi edad real, jamás nadie me llamó…
Este fenómeno no es nuevo, comenzó al acabar la Primera Guerra Mundial y se perfeccionó después de la Segunda. Los grandes capitales tenían recursos para poner muchas zanahorias delante del burro.
¿Cómo?
Sí, señor usuario. No sé de quién es la fábula, pero si no la conoce intentaré contársela.
Todo el mundo sabe que, para que un burro tire del carro hay que ponerle una zanahoria adelante.
El burro cree que algún día alcanzará la zanahoria.
El amo le repite que seguramente mañana tendrá más fuerza. ¡Es que hoy casi la atrapa! La zanahoria que oscilaba pendiendo del palo, sobre su cabeza, tocó su hocico. Esa noche, el asno sueña con la zanahoria y corre por un prado verde hacia una montaña de zanahorias dulces y jugosas.
Al día siguiente, el amo tiene todo preparado para que siga la esperanza: ata el borrico al carro, cuelga la zanahoria del palo y se acomoda canturreando. Ya puede pensar en lo que ganará vendiendo los huevos en el mercado de Vera, que mientras tanto el carro va para adelante.
El burro solo tiene rebuznos para su zanahoria y hoy seguro que la alcanza. A él le han contado de muchos burros que han alcanzado la zanahoria. Es el tema de conversación con otros jumentos cuando el amo lo deja pastando a las afueras de Vera, mientras él vende los huevos.
Ese sábado ha sido excepcional y al hombre le da pena su burro, entonces cuando llegan a la casa, le da la zanahoria.

«Se conforma con poco», piensa el hombre. «Basta una zanahoria para hacerlo feliz»
—Pensar que te he tenido cuatro meses prometiéndote la zanahoria —le dice al burro, pensando que la bestia no entiende.

—¡Qué eres un tonto, hijo mío! —le sigue diciendo al pobre animal y… durante otros cuatro meses vuelve a ponerle la zanahoria delante.
¿Quiere que enumeremos las zanahorias?
Coche.
Casa
Dinero.
Vacaciones.
Home Cinema.
Ipad.
Tablet.
Prestigio.
Poder.
Crucero.
Velero.
Educación de los hijos.
Muebles nuevos.
Juventud eterna.
Vejez tranquila.
Salud.
Hay muchísimas más, para todos los gustos de todos los burros.
¿Me está llamando burro?
Depende.
Si usted tira del carro para intentar coger la zanahoria, sí. Le estoy llamando burro y además un burro con un estrés que le sale por las orejas.
La idea es simple y efectiva.
Si usted se esfuerza lo suficiente, agacha la cabeza lo necesario, adula lo conveniente y acepta renunciar a cualquier derecho que le corresponda en beneficio de la empresa… ¡Usted conseguirá su zanahoria!
Pero… ¡apresúrese! El puesto solo está disponible para edades entre 30 y 40 años, con experiencia demostrable de al menos 5 años en puesto similar, conocimientos de inglés, francés, alemán, turco, chino y ruso, hablado y escrito. Se requiere buena presencia, don de gentes, disponibilidad para trasladarse al Polo Norte, carnet de conducir…
Supongo que será para trabajar de ayudante de Papá Noel.
¡Tómelo o déjelo! Detrás suyo hay una cola interminable de burros que quieren ocupar su lugar.
Pero además el sistema no funciona. Lo dicen los expertos, es una verdad a voces. El sistema económico actual no puede evitar una crisis detrás de la otra. Entonces se han inventado una zanahoria que no tiene desperdicio:
«Las crisis son una oportunidad para crecer»
¡Vaya chorrada!
Y entonces los burros duplican su sobresfuerzo —y su estrés—, para ver si entran en el privilegiado círculo de los genios que han conseguido crecer durante una crisis…
Es decir que no solo quienes crearon el problema y se han beneficiado de él, no pueden solucionarlo, sino que le pasan la pelota a usted y a mí para que no se les acabe el chollo.
Vale, entonces… Para evitar el distrés, ¿no trabajo?
No, no.
Digo que el trabajo es un medio para llegar al objetivo. Al suyo, no al del sistema.
¿Cuál es su objetivo?
Porque si el objetivo es conseguir la zanahoria no tendrá más remedio que convertirse en burro.
© del libro «Estrés. Manual de usuario para humanos» de Ricardo Lampugnani





[1] Millenials o generación Y: Personas comprendidas entre los 18 y los 33 años.