Posts idioma original

Posts idioma original

No siempre los mejor dotados son los que llegan más lejos


Pablito y Juan querían ser tenistas desde pequeñitos. Pablito era un poco bajo de estatura para su edad y tenía tendencia a engordar. En cambio, Juan era alto por herencia genética y tenía una complexión delgada y fibrosa. Los padres de Pablito no tenían dinero para enviarlo a un entrenador de tenis, ni siquiera para comprarle una raqueta. Los padres de Juan eran socios de un club de ese deporte y le compraron su primera raqueta en cuanto pudo sostenerla con ambas manos. Juan jugaba con su hermano o con su padre mientras soñaba con ser un gran tenista, ganar muchos derbis y levantar trofeos y firmar pelotas a diestro y siniestro. Pablito en cambio se conformaba con mirar los partidos por la tele y hacer frontón con una paleta y una pelota de pingpong que le habían regalado para Reyes.
Cuando Juan llegó a tener uso de razón, sus padres le contrataron un instructor. El profesor le enseñaba las técnicas de los golpes y le aconsejaba que siguiera entrenando y practicando cada día. Juan, practicaba dos golpes y se iba a beber un refresco, otros dos y a comer un helado. Eso sí, no dejaba de soñar en ningún momento con ser un gran tenista, famoso en el mundo entero.
Como Pablito se enfrascaba tanto en los partidos que pasaban por la tele, su tío le regaló una vieja raqueta de madera, recuerdo de su infancia y un juego de bols nuevecito. Para Pablito aquel regalo fue como si se le hubiese abierto el cielo. La pared posterior de su casa fue testigo de su ilusión y pronto sus padres hubieron de reponer cristales de las ventanas, propios y de algún vecino. Hasta que un día el padre de Pablito decidió hacerle entrar en razón. Le explicó que para ser un buen jugador de tenis era mejor ser alto y delgado, tener dinero para comprar buenas raquetas y pagarse un entrenador que le enseñase las técnicas.
—Aun así, las probabilidades de destacar en un deporte tan competitivo son remotas —le dijo—. Creo que te irá mejor si te propones estudiar una buena carrera.
Pablito se puso muy triste pero no dejó de practicar en la pared, cada día. Comenzó a levantarse de la mesa con algo de apetito y pronto bajó de peso. Se sintió tan bien siendo más liviano que todavía practicó más y agregó ejercicios que extrajo de internet. Como ya tenía bastante dominio de la raqueta, dejó de romper cristales y sabiendo que sus padres hacían un gran esfuerzo para que estudiara, tampoco aflojó en la escuela. Los padres, viendo que no había manera de que desistiese del tenis y siendo que no le interesaba ningún otro deporte, averiguaron en un club de su barrio y lo apuntaron con un instructor que entrenaba a un grupo de niños. La felicidad de Pablito era completa y esperaba con ansias que terminaran las clases para ir a entrenar. Los otros niños se mofaban de su raqueta de madera, pero a Pablito no le importaba, todavía le pegaba con más fuerza a la pelota. Hasta que la vieja raqueta se partió y a Pablito se le vino el mundo encima. El instructor, al ver al niño llorando en un rincón, decidió dejarle una de sus raquetas y… ¡Oh, sorpresa!, descubrió que aquel pequeñín tenía un revés cortado espectacular.
Juan por su parte seguía con su sueño de ser famoso, pero iba a las clases de tanto en tanto y practicaba más bien poco. Fue en vano que le regalaran el último modelo en raquetas de grafito y las zapatillas de marca que utilizaban los grandes campeones, siempre encontraba alguna excusa para no ir a entrenar. Aun así, Juan ganó algún trofeo en certámenes del club. Era más alto que los de su edad, sabía manejar la raqueta y había mamado las técnicas desde pequeño. Sus padres hicieron fabricar una vitrina especial en la que poner las copas y medallas que Juan conseguía.
El entrenador de Pablito descubrió que a pesar del revés impecable y de un golpe poderoso de derecha, el problema del niño era el saque. Como era bajito, debía elevarse mucho al sacar y eso, muchas veces, lo desestabilizaba y acababa cometiendo dobles faltas. En contrapartida, Pablito nunca daba por perdida una bola y peleaba cada set como un león. Con todo el tacto que pudo, se lo hizo saber y Pablito practicó su saque hasta en sueños. Con diez años Pablito jugó su primer torneo en el club y lo ganó. Luego entró en la liga intercomarcal y también ganó. A ésta siguieron otros campeonatos por todo el país y a los doce, estaba compitiendo con chicos dos años mayores que él.
Juan seguía soñando con ser tenista famoso y cada tanto extraía la raqueta de su funda y daba un par de golpes al aire…
Esto es un cuento y no la historia de alguien real.
Si le gusta el deporte voy a nombrarle dos casos, uno antiguo y otro más moderno. Comencemos con el más antiguo: Johnny Weissmüller, más conocido por sus películas de Tarzán y las series de Jim de la Selva[1]. Johnny padeció poliomielitis (parálisis infantil), de la que se recuperó a los trece años. Los médicos le recomendaron la natación para intentar paliar las secuelas musculares de la enfermedad.
Un caso muy actual es el del jugador de fútbol Lionel Messi y su deficiencia en la hormona del crecimiento. Creo que no hace falta dar más detalles de su historia y menos aún de sus éxitos.
Si vamos a la ciencia, Albert Einstein era un niño retraído al que le costaba expresarse. Cuando tenía quince años, un profesor, el Dr. Joseph Degenhart, lo trató de inútil y bueno para nada.
Thomas Alva Edison fue tildado de estéril e improductivo por su maestro cuando tan solo tenía ocho años y tuvo que ganarse la vida vendiendo periódicos, verduras, mantequilla y moras. 
Hay millones de ejemplos, muchos desconocidos e infinidad de películas que explotan la trama del pobre, inútil, tonto, desvalido o perseguido que se transforma en alguien importante, exitoso o rico.
Y siempre funciona. A la gente le encanta ver cómo alguien común sale del montón. Quizás sea porque no es lo habitual.
El mensaje subyacente es que la perseverancia, rayana en la tozudez, a la corta o a la larga da sus frutos. Por supuesto que en todas las pelis hay un golpe de suerte que nadie sabe de dónde viene.
Yo creo que, en realidad, cuando el ser humano funciona armónicamente alineando sus componentes visibles e invisibles y subordinando cada parte a la Esencia, el producto es capaz de lograr cosas increíbles y el universo se confabula para que todo sea posible.
® «La Felicidad. Manual de usuario para humanos»
Ricardo Lampugnani



[1] Johnny Weissmüller (Peter Johann Weissmüller: Timişoara, hoy Rumania, 2 de junio de 1904 - Acapulco, Guerrero, México, 20 de enero de 1984) fue un deportista y actor estadounidense de origen austríaco. Fue uno de los mejores nadadores del mundo durante los años 20, y ganó cinco medallas de oro olímpicas y una de bronce. Ganó 52 campeonatos nacionales estadounidenses y estableció un total de 67 récords mundiales. Después de su carrera como nadador, se convirtió en el sexto actor en encarnar a Tarzán, papel que interpretó en 12 películas, y ha sido el Tarzán que más popularidad ha alcanzado. (Fuente: Wikipedia)