Destruyendo tópicos.

pexels-alexander-krivitskiy-1089423

«Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad»

No, no lo ha dicho un político de turno, aunque muchos lo ponen en práctica cada día. La frase está atribuida a Joseph Göbbels o Goebbles, máximo responsable de la propaganda política del Tercer Reich. Y ¡vaya si dio resultado! Además, sentó un precedente que, en el siglo de la comunicación, es especialmente efectivo.

Cuando comencé a escribir «Alacrana» quería contar una historia en la que interviniesen fuerzas mágicas ancestrales, de esas que veneran a la tierra, que aman lo natural, en contraposición a logias secretas que pretenden dominar el mundo y hacerse con el poder. Algo así como la inocencia contra la ambición. Como es bastante frecuente en mi temática literaria, puse a un inmigrante como protagonista.

En este caso elegí un escenario que es polémico desde hace décadas: la frontera entre Estados Unidos y México.

Para un escritor como yo, las historias de «coyotes» cruzando personas por el desierto, las guerras de los cárteles por la supremacía en el tráfico de drogas y las acusaciones permanentes del gobierno americano hacia su vecino del sur, eran una tentación difícil de evitar como trama.

¿Quién no ha visto en los últimos años una película o serie sobre los cárteles de la droga?

Todas están basadas en tópicos o medias verdades que, repetidas miles de veces, generan en el público una sensación de realidad:

«Estados Unidos es la víctima de la presión ejercida por el narcotráfico.»

«Estados Unidos es la víctima de la presión ejercida por la inmigración ilegal.»

Por supuesto que escuchar repetir las mismas mentiras miles de veces no pudo hacer que «Alacrana» se basara en tópicos.

A mí me gusta escarbar y hacerme preguntas.

Así encontré algunos datos interesantes y llegué a conclusiones esclarecedoras.

Comencemos por decir que la agricultura de California depende de los mexicanos. Las cosechas de naranjas, fresas, nueces y espárragos no podrían recogerse sin los tres millones de mexicanos que trabajan como temporeros. En algunos casos encadenan un trabajo tras otro. Nadie les pregunta si son legales o ilegales, cobran poco y trabajan mucho. Continuemos por el trabajo doméstico: el cuidado de niños y ancianos los realizan mujeres mexicanas y las labores de jardinería, trabajos en mataderos, restauración y dependientes comerciales los cubren ambos sexos del mismo origen.

Hasta allí todo normal. Sucede también en España con los temporeros de la fruta, en Francia con la vendimia y en muchos otros países que necesitan mano de obra. Los trabajadores pueden volver a su país, o quedarse si ven que pueden mantenerse y avanzar.

El hoy presidente Donald Trump dijo durante su campaña en 2015:

«México manda a su gente, pero no manda lo mejor. Están enviando a gente con un montón de problemas (…). Están trayendo drogas, el crimen, a los violadores.»

Vamos al tema de la droga: Los documentos desclasificados de la DEA y la CIA y los juicios internacionales por violaciones de derechos humanos en los casos Nicaragua Contras e Irán Contras, demuestran no solo que los americanos financiaron y armaron a guerrilleros, sino que se trajeron de vuelta aviones completos cargados con crack, cocaína y heroína.

La «receta» viene repitiéndose desde la guerra de Vietnam y tiene como objetivo hacerse con el control de las zonas en que se producen drogas. De paso, es una excelente salida a la comercialización ilegal de armas. A diferencia de los cárteles locales, el dinero se «lava» en las altas esferas financieras.

Ya lo reconoció Hilary Clinton en 2009 cuando era secretaria de estado de la administración Obama.

Es decir que los tópicos sobre el narcotráfico no son más que una nube de humo para ocultar la realidad de un «narcoestado». Con el tema de la inmigración ocurre lo mismo. En una amplísima mayoría los inmigrantes mexicanos buscan un trabajo, una nueva vida y hacer realidad sus sueños. ¿Qué hay delincuentes entre ellos? Seguramente sí, pero no más de los que hay en el país de destino.

¿Es la sociedad norteamericana responsable en su conjunto?

Absolutamente, no.

También en una gran mayoría buscan cumplir sus sueños que son, cada vez más difíciles de llevar a la realidad.

El problema reside en minúsculos centros de poder, arraigados durante siglos en el entramado de la sociedad. Son los que generan los tópicos para poder seguir haciendo su negocio.

Así construí «Alacrana», investigando y no dejándome llevar por lo que se cree después de escuchar una mentira repetida miles de veces.

Por supuesto que es una obra de ficción, los personajes han sido creados por mí y las situaciones responden a mi imaginación.

«Todo parecido de la realidad, presente o venidera, con la novela es y será pura casualidad.»

Leave Comment